El gráfico de velas (o velas japonesas) es la forma más habitual de representar el precio de un activo a lo largo del tiempo. A primera vista parece un código; en realidad, cada vela cuenta una historia muy concreta.
Qué muestra una vela
Cada vela resume lo que hizo el precio durante un periodo fijo: un minuto, una hora, un día, una semana. Contiene cuatro datos:
- Apertura: el precio al empezar el periodo.
- Cierre: el precio al terminarlo.
- Máximo: el precio más alto que se alcanzó.
- Mínimo: el más bajo.
El cuerpo (el rectángulo) va de la apertura al cierre. Las mechas o sombras (las líneas finas arriba y abajo) marcan el máximo y el mínimo.
El color
- Vela alcista (normalmente verde o blanca): el cierre quedó por encima de la apertura. Los compradores mandaron en ese periodo.
- Vela bajista (normalmente roja o negra): el cierre quedó por debajo de la apertura. Ganaron los vendedores.
Cómo interpretar la forma
- Cuerpo largo: movimiento decidido en una dirección.
- Cuerpo corto: indecisión; compradores y vendedores quedaron casi en tablas.
- Mecha larga arriba: el precio subió durante el periodo pero terminó siendo rechazado; asomó vendedores.
- Mecha larga abajo: el precio cayó y luego se recuperó; asomó compradores.
Una analogía: la vela es como el marcador de un partido corto. El color dice quién ganó ese tramo; el tamaño del cuerpo, por cuánta diferencia; las mechas, hasta dónde llegó cada equipo antes de que el otro reaccionara.
De la vela suelta a la tendencia
Una vela aislada dice poco. Lo útil aparece al mirar la secuencia:
- Tendencia alcista: máximos y mínimos cada vez más altos.
- Tendencia bajista: máximos y mínimos cada vez más bajos.
- Rango: el precio va y viene entre un techo y un piso más o menos estables.
El marco temporal cambia todo: un activo puede estar subiendo en el gráfico semanal y cayendo en el de una hora al mismo tiempo. Antes de sacar conclusiones, mire qué periodo representa cada vela.
Un error común
Leer patrones de velas como señales infalibles de compra o venta. Describen el pulso entre oferta y demanda en un momento dado; ayudan a entender el contexto y a gestionar el riesgo, no a adivinar el próximo movimiento.

